jueves, 9 de junio de 2016

Carta de renuncia del profesor Camilo Jiménez y el debate subsiguiente.


¿Qué sucede con la educación superior?

Hace unos pocos días se llevó a cabo la graduación de un numeroso grupo de egresados de la Universidad y, como siempre, los despedimos con la convicción de que conseguirán sus metas y serán exitosos.

A pesar de estos buenos deseos, siempre nos queda la duda si nuestra participación como profesores fue la mejor posible, si entregamos a nuestros egresados las mejores herramientas para el éxito profesional y social.

En estas reflexiones y planes de cómo mejorar nuestro trabajo recordé esta carta que, en su tiempo, despertó polémica.

El profesor Camilo Jiménez decide presentar su renuncia mediante una carta que luego hizo pública y se encuentra en el enlace siguiente:

http://elojoenlapaja.blogspot.mx/2011/12/por-que-dejo-mi-catedra-en-la.html

El párrafo que ha despertado buena parte de la polémica dice:

Un párrafo sin errores. No se trataba de resolver un acertijo, de componer una pieza literaria o de encontrar razones para defender un argumento resbaloso. No. Se trataba de escribir un párrafo que condensara un texto de mayor extensión. Es decir, un resumen. Un resumen de un párrafo. Donde cada frase dijera algo significativo sobre el texto original. Donde se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito –ortografía, sintaxis– y se cuidaran las mínimas normas de cortesía que quien escribe debe tener con su lector: claridad, economía, pertinencia. Si tenía ritmo y originalidad, mejor, pero no era una condición. La condición era escribir un resumen en un párrafo sin errores vistosos. Y no pudieron.

Como se puede observar, el profesor cuestiona la incompetencia de sus estudiantes para realizar una tarea que, según su opinión, debiera ser completada sin mayor dificultad.

En esa carta, el profesor reconoce que, probablemente, una parte de la culpa está en su forma de trabajo, que no ha evolucionado conforme a los requerimientos actuales:

Por supuesto que he considerado mis dubitaciones, mis debilidades. No me he sintonizado con los tiempos que corren. Mis clases no tienen presentaciones de Power Point ni películas, a lo más vemos una o dos en todo el semestre. Quizá ya no es una manera válida saber qué es una crónica leyendo crónicas, y debo más bien proyectarles diapositivas con frases en mayúsculas que indiquen qué es una crónica y en cuántas partes se divide. Mostrarles la película Capote en lugar de leer A sangre fría. No debí insistir tanto en la brevedad, en la economía, en la puntualidad. No pedirles un escrito de cien palabras sino de tres cuartillas mínimo. Que lo entregaran el lunes, o el miércoles.

En este sentido, debe reconocerse la integridad del profesor, en vista de que no encuentra la forma de lograr que el alumno aprenda, prefiere renunciar. Sin embargo, se le puede cuestionar: ¿por qué no buscó otras formas de trabajo? ¿por qué no aprendió a aprovechar la tecnología de mejores formas que las que menciona?

Recibió varias respuestas, en algunas de ellas me parece que no se entendió claramente lo que quiso decir, de cualquier forma, algunos están de acuerdo en sus argumentos y otros lo critican. En los siguientes enlaces se pueden encontrar algunas respuestas:

http://alfinvictoria.blogspot.mx/2011/12/carta-para-camilo-jimenez.html

http://pensandoentic.net/ptic/mi-carta-al-profesor-y-periodista-camilo-jimenez-quien-renuncio-por-%E2%80%9Clos-nativos-digitales%E2%80%9D/

El primer enlace corresponde a la respuesta que le da una estudiante de 20 años, contiene ideas como:

Si usted se queja de que ya no hay estudiantes con un espíritu curioso y crítico, yo me quejo de que no tengo profesores que siembren en mí la duda y las ganas de saber. Por que si hay algo que creo firmemente, es que las ganas de aprender por parte de un estudiante reside, en gran medida, en las ganas del profesor de que sus estudiantes aprendan. 

Este párrafo debiera invitarnos a todos los profesores a repensar nuestra forma de trabajo en lugar de criticar la capacidad de nuestros alumnos.

El segundo documento contiene la respuesta del profesor Luis David Tobón López, y uno de los párrafos que más se parece a lo que pienso dice:

Soy un apasionado de lo que hago, y digo con alegría, que las clases para mí son una fiesta,encuentro de aprendizajes, de construcciones, espacio de laboratorio para realizar “ensayo error”, entre muchas otras alternativas. Entiendo que usted se encuentra en medio de la batalla de la ya conocida, repetida, y mal enfocada disputa entre “nativos e inmigrantes digitales”; que no lo es tanto, puesto que no se trata de poner como bandera los dispositivos; sino los cambios perceptuales, las maneras de ser, de actuar, de asociar.

No pretendemos dar respuesta a esta polémica, sino retomar las ideas que pueden ayudarnos a mejorar nuestro trabajo en el aula, especialmente la de cambiar nuestra forma de trabajo de forma que responda a las características y necesidades de los nativos digitales que encontramos en las aulas.

Esperamos que sea de utilidad.

Saludos.